Anagaviera en ocasiones escribe
Mostrando entradas con la etiqueta Fenicios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fenicios. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de noviembre de 2013

fenicios / interpretar / modelar / asumir / palabra / arma / héroes / demagogia / albert camus

Foto: Ana Santos Payán
Fenicios?  Camus? 

Hoy todo es Camus en las redes, celebración del pensador que más me ha dado.
Cuando escribía mi tesina Las Huellas de Melqart, de la que extraigo el fragmento aquí publicado, leía de forma compulsiva a Albert Camus. Por eso esta entrada. Bueno, por eso y por algo más: por los que ahora son héroes cerrando televisiones y dejando a salvo hospitales, por los que utilizan la palabra como arma de destrucción masiva, por la Medusa que llevamos tatuada. 


Los fenicios occidentales en el imaginario griego arcaico (Fragmento)

Como ya he mencionado acerca del conocimiento del Extremo Occidente los mitos persisten, en términos de P. Fabre, fosilizados [31] en el imaginario y sobrepasan las barreras del saber científico y físico.
Razonablemente ante esta visión terrible del mundo oceánico resulta lógico que sólo los más afamados héroes pudieran, con ayuda divina, acceder a estas tierras lejanas, y el héroe que, parafraseando a Domingo Plácido, marca mejor y de modo más trascendental la imagen del extremo occidente en el imaginario de los griegos es Heracles [32].
Personaje variopinto: héroe civilizador y fundador de santuarios, templos y ritos antiguos, en palabras de Lacroix [33] protector de la humanidad. Pero también intrépido viajero, bandido, caricatura grotesca en la comedia antigua, ejemplo de virtud en la filosofía. Modelo a imitar por los hombres: Alejandro, Aníbal, Pompeyo, César, Trajano, Adriano y el Emperador Cómodo, entre otros, utilizaron su imagen con fines propagandísticos: ya sea para legitimarse, anclándose en una tradición mítico-legendaria-heroica o para dignificarse mediante una simbolización de poder y prestigio [34].
La complejidad de la leyenda heraclea supone una documentación esencial que refleja las inquietudes colonizadoras griegas y posiblemente algunas reflexiones sobre la relación mantenida con otros pueblos. Sus viajes a Occidente, considerados por algunos autores como Kirk, los más exóticos de todos [35], establecen una vinculación entre el plano ideal de la leyenda y el plano real constituido por la colonización [36]. También marcan los límites del mundo griego, límites geográficos, barreras físicas como ejemplifica la fábula de Brabio Apolo. En ésta se produce un combate entre Apolo y Zeus. Apolo dispara una flecha y llega al confín, al Jardín de las Hespérides. Zeus le pregunta ¿a dónde tiro yo, hijo, si no tengo espacio? [37] Al mismo tiempo estas expediciones acotan espacios morales, pues el heroísmo se entiende como culminación de las posibilidades de la existencia humana.
Estrechamente ligado al proceso histórico de colonización, Heracles penetrará con sus flechas en ese mundo extraño infundiendo civilización, así lo leemos en el libro II de Ferécides ateniense autor del V a. C:
Y he aquí cómo viaja él (Heracles) hasta las pomas de oro. Llegado a Tarteso pasa a Libia donde mata a Anteo, personaje desaforado hijo de Poseidón y luego llega al Nilo hasta Menfis, ciudad junto donde Busiris hijo de Poseidón [...] Tras llegar a Tebas pasa a través de montañas a Libia exterior, en cuyos desiertos mata con flechas a muchas alimañas. Una vez hecha la limpieza de Libia, bajó hacia el mar que está fuera, tomando la copa de manos del Sol; y cruza con ella hasta el otro lado a través de la tierra y el mar, también navegando por el Océano. [38]
La flecha es señal de la impronta civilizadora del héroe Heracles, que se hace efectiva contra las bestias sobre todo cuando baña sus puntas en las vísceras de la Hidra de Lerma [39]. Este dato, que podría ser asumido como un simple recurso literario, muestra una vez más la complejidad de las creaciones griegas, la flecha que habría de servir para eliminar los elementos salvajes y monstruosos, lleva en sí misma el elemento marginal como parte constitutiva de la hazaña del héroe. En este mismo sentido habla M. Yevzlin [40] de Perseo, también hijo de Zeus, que llevó la cabeza de la gorgona Medusa desde el Extremo Occidente hasta Atenea, para que ésta la colocase en su escudo, consiguiendo neutralizar e integrar en el centro mismo del helenismo la alteridad extrema del mundo de los muertos. Lo salvaje se incorpora al discurso propio del griego y el imaginario heroico genera los mecanismos adecuados para encubrir y revelar al mismo tiempo la realidad de los viajes.
La dimensión de héroe cultural asumida por Heracles en el mundo griego y en los confines del mundo conocido contribuye a  la formación de los fenómenos históricos de interpretatio, asimilación o sincretismo [41]. Desde épocas tempranas y dentro del proceso interpretativo que según Grotanelli [42] afecta y se extiende por todo el Mediterráneo, Heracles se identifica con otros dioses vecinos como el fenicio Melqart.
El sincretismo entre Heracles y el héroe divino Melqart en Thasos, Cerdeña, Chipre o Gádir no parecía empresa difícil dadas las similitudes existentes entre los personajes y los intereses políticos y comerciales de griegos y fenicios. Los dos son héroes civilizadores, protectores de los navegantes, fundadores de colonias e inmortales gracias al fuego.
En el relato del trabajo en el que Heracles ha de robar las vacas de Gerión [43], puesto de moda por Estesícoro de Himera (640-555) en  la Gerioneida, poema que se hizo bastante popular en Grecia y que fue muy representado en vasos de figuras negras, el héroe ya no aparece como un pirata, agresor y asesino de bestias [44], sino como el perfecto colonizador. Esto es así porque el mito responde esencialmente al intento de elaborar un sistema de referencia geográfico y etiológico [45] para la expansión colonial. J. Jourdain-Annequin mantiene que Heracles es el operador lógico que ayuda a pensar el espacio [46]. Los conceptos acerca del poder siempre van ligados al carácter territorial, para justificar el asentamiento en un lugar es importante tanto marcar las fronteras, en este caso representadas por las Columnas de Heracles, como el haber sido los primeros en llegar a estas zonas que por desconocidas se consideran vacías, en blanco. Además, no podemos olvidar que el enfrentamiento entre la naturaleza salvaje desorganizada y la naturaleza modificada en función de la vida en sociedad también nos habla de los opuestos representados en la ciudad [47], la polis que en estos momentos  se está definiendo [48].
Desde finales del VII a. C. se venía llevando a cabo el segundo movimiento importante de población griega, los asentamientos estables como Massalia o Emporion se desarrollan en el siglo VI a. C [49]. Esto, indudablemente, se va a ver reflejado posteriormente en el imaginario griego del período clásico que situará las aventuras de Heracles en lugares concretos de la geografía peninsular y hará aparecer en algunas noticias a protagonistas reales. Los relatos de Herodoto sobre la aventura de Coleo de Samos y los foceos que llegaron a Tartesos, unidos a los últimos hallazgos de cerámicas en Huelva son la razón esgrimida por algunos arqueólogos e historiadores para afirmar la presencia griega en la zona desde el siglo VII [50], pero el aumento de cerámica griega en los yacimientos no es un argumento sólido para demostrar la presencia de una importante población griega en el VII a.C. Podría simplemente tratarse de una intensificación del comercio fenicio con Grecia y con Massalia [51].
De cualquier forma, en estos momentos, en la cartografía y la geografía griegas se empieza a observar un proceso de racionalización de todo el mundo mítico-cosmográfico de la poesía arcaica [52], del que no queda exento el conocimiento del Océano, que utilizará los datos adquiridos por los viajes. En este sentido resulta interesante la obra de Hecateo de Mileto, autor del que sólo se conservan algunos fragmentos recogidos por Esteban de Bizancio, en los que se enumeran una serie de nombres de lugares pertenecientes al sur peninsular que reflejan los contactos griegos con la Península. Además, parece significativo el hecho de que la cerámica griega hallada en Huelva es en buena parte de procedencia jonia [53], como jonio es el propio Hecateo.
Del mismo modo cabe destacar La Ora Marítima de Avieno, obra compuesta por diferentes materiales entre los cuales se encuentra un periplo bastante antiguo, cuya información podría corresponder al período orientalizante. Independientemente de la discutida autoría griega o fenicia del relato y de la polémica que acompaña siempre a esta composición [54] me interesan sobre todo las informaciones sobre la costa Atlántica que reflejan los contactos y establecimientos fenicios, constatados por la arqueología desde el s. VIII a.C. y, sobre todo, ese nuevo interés por establecer una geografía real de la ecúmene.
El proceso de creación de imágenes  y símbolos sobre el Extremo Occidente durante el período arcaico tiene como fin principal la organización y sistematización del espacio y del tiempo en un eje de coordenadas que responde a la tradición de la oposición centro/periferia, que llega desde Anaximandro y de la que va a ser heredero directo Herodoto. Esta tradición justificaría en la marginalidad cultural la dominación [55].
En todo el proceso analizado hasta el momento, aunque implícito, el elemento semita es como hemos visto bastante importante, pues desde la Odisea, para los griegos el mundo de los viajes marinos se encuentra íntimamente relacionado con los navegantes fenicios [56]. Se ha destacado especialmente la figura de Heracles porque sus viajes son una prueba fehaciente de esta situación, así como por la enorme importancia que adquirirá en épocas posteriores el Templo de Melqart/Heracles. Pero hay otros muchos rasgos significativos en los que se insinúa lo fenicio, como por ejemplo, las propias columnas que en la religión cananeo-fenicia expresan la divinidad [57], el límite de lo humano; y también la presencia de dragones que recuerdan al Leviatán bíblico [58], tanto en su condición monstruosa, como en la simbología que le lleva a representar el caos primigenio y las aguas marinas [59].
  Además se dan también toda una serie de localizaciones que en épocas posteriores aludirán al mundo fenicio. Una de ellas podría ser la de Crono en el Extremo Occidente, (Homero, Ilíada ,8, 477) pues se pensó que el mito de la lucha entre Zeus y Crono era de procedencia fenicia, tal y como lo  afirma Crates (Gr. 4ª b), maestro de Posidonio y Asclépides de Mirlea, [60]. Otra es la localización de la isla Sarpedonia en el Océano en el poema épico del VII a. C. las Ciprias (32), como señala D. Plácido el nombre de la isla recuerda al licio relacionado con los viajes de fenicios y rodios a Occidente [61], (Apolodoro II, 1, 4).
Y para terminar señalaré la del nombre de la isla de Eritía donde sitúa Hesíodo (Teogonía 979) la aventura de Heracles y Gerión, que estuvo casi siempre asociada a los fenicios [62] como leemos en este texto de Plinio (Nat. 4.120),
Por el lado que mira a Hispania, aproximadamente a 100 pasos hay otra isla, de una milla de longitud y una milla de anchura, en la cual estuvo antes la ciudad de Gades. Es llamada Eritea por Éforo y por Filístides, Afrodisias, por Timeo y por Sileno e Isla de Juno, por los nativos. Timeo afirma que la isla más grande se suele llamar entre éstos Cotinusa por los acebuches: los nuestros la llaman Tarteso, los cartagineses Gádir, palabra que significa en púnico “seto”. Se llamó Eritea, porque los tirios, sus aborígenes, se decía que eran originarios del Mar Rojo. Ciertos autores piensan que en ella habitó Gerión, a quien Hércules arrebató el rebaño. Pero hay quien piensa que se trata de otra isla, frente a Lusitania, y llaman con ese mismo nombre a cierta isla de allí. [63]
Estas asimilaciones no pueden verse en términos de absorción cultural, sino como identificación interesada griega por motivos políticos y económicos [64]. Las estructuras que ofrecían los conocimientos fenicios fueron utilizadas y traducidas a términos propios con los cuales los griegos ya habían expresado anteriores esfuerzos coloniales. De esta manera, la palabra clave es interpretación. Interpretación de la experiencia fenicia para modelar su imaginario y asumir Occidente con su propio lenguaje.


[31] FABRE, P., op. cit. 16. p. 310, con el uso de este término, que aparece en incontables ocasiones en toda la obra, Fabre sintetiza la situación de esos mitos que no se disipaban a pesar  de las novedades filosóficas y geográficas.
[32] PLÁCIDO, D., “La imagen simbólica de la Península Ibérica en la antigüedad”, Stud. Hist., Historia Antigua, 13-14, 1994-1995, p. 25.
[33] LACROIX, L., “Héraclès, héros voyageur et civilisateur”, Bulletin de la classe des Lettres et des sciences morales et polítiques, Tomo LX, 1974, pp. 34-65.
[34] El aspecto de la imitatio herculi se trata más extensamente en el capítulo seis.
[35] KIRK, G. S., El mito. Su significado y funciones en las distintas culturas, Barral, Barcelona, 1973, p. 215.
[36] LÓPEZ PARDO, F., El Empeño de Heracles, Arcolibros, Madrid, 2000, p. 8.
[37] Más tarde el discípulo aventajado de Parménides, Zenón de Elea, demostrará que ninguna flecha puede alcanzar confín alguno, ya que ésta ni siquiera se mueve, pero eso ya es otra historia.
[38] MANGAS, J., y PLÁCIDO (eds.), Testimonia Hispania Antiqua II A. La península Ibérica en los autores griegos de Homero a Platón, Madrid, 1998, (trad. E. GANGUTIA), p. 27.
[39] UNANUA M. A, El enigma de Zenón de Elea, Iralka, Irún, 1999, p. 33.
[40] YEVZLIN, M., op. cit 8, p. 95.
[41] BONNET, C. “Heraclès en Orient: interprétations et syncrétismes”, BONNET, C., y JOURDAIN-ANENEQUIN, C., D´une rive á l´autre de la Mediterrnée. Bilan et perspectives, Bruselas-Roma, 1992, p. 167.
[42] GROTANELLI, C., “Santuari e divinitá delle Colonie d´Occidente”, La religione Fenicia. Atti del Colloquio in Roma, 6 Marzo, 1979,  p. 113.
[43] Descendiente de Chrysaor y Medusa. HESÍODO, Teogonía, p. 270-288.
[44] PICCALUGA, G., “Herakles, Melqart, Hercules e la Penisola Iberica", Minutal, 1974, p. 117.
[45] BURKERT, W., “Le mythe de Géryon: perspectives préhistoriques et tradition ritualle”, Il mito greco. Atti del Convegno Internazionale Urbino, 1973, Roma, 1977, p. 274.
[46] JOURDAIN-ANNEQUIN, C., “De  l´espace de la cite ...”, art. cit, 15,  p. 47.
[47] Ibíd.  p. 38.
[48] A. DOMÍNGUEZ MONEDERO recuerda que el inicio de la conformación de la polis y el inicio de la colonización no son sólo procesos sincrónicos sino, además, íntimamente relacionados. Y por eso algunos procesos de la creación en el imaginario responden a necesidades análogas, la  polis implica necesariamente la cuestión del territorio, La polis y la expansión colonial griega. Siglos VIII-VI, Síntesis, Madrid, 1991, p. 98 y ss.  [49] Ibíd. p. 130.
[50] CABRERA BONET, P., "La presencia griega en Andalucía (siglos VI al IV a.C.)", FERNÁNDEZ JURADO, J. ,  RUFETE TOMICO, P. - GARCÍA SANZ, C., (eds.), La Andalucía Ibero-Turdetana (Siglos VI - IV a. C.). Huelva, 1994. Huelva Arqueológica, XIV, Huelva, 1997 pp. 367-390, OLMOS, R., “Tartessos y el comercio mediterráneo: siglos VIII al VI a. C”, La Magna Grecia e il lontano O. Atti del XXIX Convegno di Studi sulla Magna Grecia, Taranto 1989, Taranto, 1990, pp. 411-447.
[51] LÓPEZ CASTRO, “Formas de intercambio preclásico”, I Coloquio del CEFYP, Madrid, 1998 p. 12, (ep)
[52] THA II A, op. cit. 38, p. 138.
[53] LÓPEZ CASTRO, “Carthage and Mediterranean trade in the far west (800-220 b. C.)”, Rivista de studi punici, 1, 2000, p. 128 y ss.
[54] Para un análisis más profundo de Avieno resulta imprescindible el tomo primero de los Testimonia Hispania Antiqua, dedicado exclusivamente al autor. Trabajos concretos sobre la Ora marítima  ALVAR, J., “Avieno, los fenicios y el Atlántico”, Kolaios, 4, 1995, 21-7;
ANTONELLI, L., “Aviénus et les colonnes d´Hercule”, MCV, 1995, XXXI (I), p. 77-83; BALBOA SALGADO, A., “Rufo Festo Avieno y su Ora Maritima: consideraciones acerca un sujeto y un objeto”, Galaecia, 13, 1992, pp. 369-398 y “Más allá de las Columnas de Hércules: del discurso espacial en la Ora Maritima de Avieno”, Stud. hist., Hª antig. 13-14, 1995-96, pp. 195-204; GARZÓN, J., “En torno a Rufo Festo Avieno”, Memorias de Historia Antigua, VII, 1986, pp. 147-149; SALINAS FRÍAS, M., “La Ora Maritima de R. Festo Avieno, una obra literaria del siglo IV”, In Memoriam J. Cabrera Moreno, Univ. Granada, 1993, pp. 463-478.
[55] PAYEN,  P., Les îles nomades, Francia, 1997, p. 177.
[56] PLÁCIDO, D., “La imagen simbólica de la Península Ibérica en la Antigüedad”, Stud. Hist. Hª. antig. 13-14, 1995-96, p. 28.
[57] AUBET, Mª, E., Tiro y las colonias fenicias de occidente. Edición ampliada y puesta al día, Crítica, Barcelona, 1994, p. 238.
[58] SALMOS, 73 (74), 13-14.
Al leviatán quebraste las cabezas: tu lo diste a los monstruos marinos por comida.
[59] TSIRKIN, J. B., “The labours, death and resurrection of Melqart a depicted on the Gades´Herakleion”, RSF, IX, 1981, p. 25.
[60] MANGAS, J. y PLÁCIDO, D. (eds.), Testimonia Hispania Antiqua IIA. La Península Ibérica según los autores griegos de Homero a Platón. Madrid, 1998, p.15, n. 24.
[61] PLÁCIDO, D., “La naturaleza femenina en la imagen griega del Extremo Occidente”, DUBY, G., PERROT, M., Historia de las Mujeres. La Antigüedad, Taurus, Madrid, 2000, p. 595.
[62] WATHELLET, P., “Les pheniciens et la tradition homerique”, Studia Phoenicia, 2, 1983, 235.
[63] THA II B, p.458, (trad. I. ILLÁN)
[64] CRUZ ANDREOTTI, G., “Herodoto y Gades”, Baetica, 13, 1991, p. 160.

viernes, 28 de octubre de 2011

2003: LOS TERRORES DE OCÉANO

El susurro de Leviathán II. Chema López.
Los terrores del Océano
(A propósito del supuesto cierre cartaginés del Estrecho de Gibraltar)

Fuente:  Byrsa, nº3, 2003

El viaje configura el pensamiento a causa de su penetración en lo inexplorado. Es una forma de conocimiento, una demostración que derriba mitos y leyendas. Los terrores del océano, en particular, han estado sujetos, en una muy abundante bibliografía, a interpretaciones de índole diversa, analizadas en este artículo. Ana Santos propone desterrar la idea de que fenicios y cartagineses inventan una patraña terrorífica con fines comerciales, y elabora una propuesta de base simbólica en la que el monstruo representa lo liminar, la inquietud del hombre ante lo que no controla, ante lo desconocido.


THE TERRORS OF OCEAN
(On the supposed  carthaginian closing of the Straits of Gibraltar)

The trip configures the thought on account of its penetration in the unexplored thing.  It is a form of knowledge, a demonstration that knocks down myths and legends. The terrors of the ocean particularly, have been subjected, in a very copious bibliography, to interpretations of diverse nature, analysed in this article. Ana Santos proposes to abandon the idea that Phoenicians and Carthaginians invent some frightening tall stories with comercial purpose, and devises a proposal of symbolic base in which the monster represents the border line, the anxiety of man facing what he does not control, the unknown thing.


Lo que vale la pena de un viaje es el miedo.
Albert Camus, Carnets I, 1935-37.

Soy incapaz de decir hasta qué punto estas palabras del pensador francés se ajustan o no a la realidad; pero sí me atrevería a afirmar que el miedo no ha frenado jamás la voluntad humana de avanzar más allá de los límites establecidos por el conocimiento.
El viaje es uno de los elementos destacables de la configuración intelectual del hombre (Savater 1995: 12), avanzar por lo desconocido es, en cierto modo, una manera de organizar el mundo. Precisamente en los momentos de aislamiento y expansión territorial se detecta de forma notable la creación de monstruos y peligros en las zonas liminares. A cada nuevo territorio le corresponde una colonización imaginaria anterior de seres fantásticos que representan valores extraños y opuestos a los del explorador. Héroes civilizadores como Heracles en el mundo antiguo (Lacroix 1974), santos y misioneros en el medievo, hombres de ciencia como los personajes de Sir Arthur Conan Doyle en el mundo moderno y guerreros estelares en la Posmodernidad han sido los encargados de luchar contra el caos siempre acechante.

Límites
Todos los pueblos de la Antigüedad representaron el mundo finito (Janni 1998: 23) y confeccionaron una imagen terrorífica de sus márgenes[1]. En el imaginario griego lo monstruoso y fantasmagórico ceñía la civilización de modo similar a como el Océano, único e inmenso, rodeaba la tierra con sus vagabundas olas (Avien., Orb. 74).
            Durante el Arcaísmo el viaje a los extremos supuso un argumento para encontrar las similitudes y las diferencias (Bernabé 1998), e integrarlas en el imaginario. El conocimiento y la creación de la imagen fabulosa de Occidente fueron, a un tiempo, causa y efecto de la organización y sistematización del espacio en un eje de coordenadas que respondía a la tradición de oposición centro/periferia, heredada de Anaximandro. Esta tradición arrastraría hacía los límites de la tierra tanto las maravillas como los monstruos, y justificaría en la marginalidad cultural la dominación (Payen 1997: 177). De modo que, paralela a la expansión colonial griega hacia Poniente, se producirá una migración de los mitos y las fábulas (Fabre 1981: 23).
Las narraciones de diversa índole, míticas, épicas, geográficas, históricas..., fueron poblando de dioses, héroes y seres fantásticos las tierras liminares ligadas al Océano (Janni 1998: 24). Un Océano que, ante todo, era inaccesible para el hombre.

Sombras
Algunos autores atribuyen a fenicios y cartagineses las leyendas sobre los terrores del Océano como una manera de ocultar y alejar de las rutas comerciales a los posibles competidores. En la tradición historiográfica española esta particular visión de las fuentes antiguas tuvo su punto de arranque en la obra del historiador alemán Adolf Schulten (1928; 1972).
Schulten concebía el Mediterráneo como un lugar de conflicto entre bloques antagónicos[2]; y proponía un Imperialismo Cartaginés comercial y militar al que culpaba de la destrucción de Tarteso y del cierre del Estrecho de Gibraltar (González Wagner 1986: 450;  Krings 1998b: 341 y ss.;  López Castro 1996: 289-331).
Su modelo, ampliamente debatido (González Wagner 1984; Cruz Andreotti 1987; López Castro 1996; Alvar, Martínez, Maza y Romero 1995), se ha ido desmoronando lentamente dejando paso a interpretaciones y vías de estudio que han visto premiados sus esfuerzos interpretativos con el descubrimiento de nuevos asentamientos fenicios en la costas peninsulares (Blázquez, Alvar, González Wagner 1999: 420 y ss.). El incremento en los registros arqueológicos de productos griegos, cartagineses y etruscos en la Península (López Castro 2000: 126 y ss.), la incorporación de fuentes que habían sido excluidas de la investigación (Oikonomides 1978: 83) y la lectura contextualizada de las mismas (Krings 1998a) impiden seguir manteniendo que después de Alalia e Himera el Mediterráneo Occidental cambió radicalmente.
No obstante, algunas de sus propuestas, como la interpretación que dio a los terrores Atlánticos, continúan enquistadas en nuestro conocimiento histórico.
La certeza del cierre del Estrecho como efecto directo del monopolio comercial cartaginés[3] llevó al alemán a plantear que la ausencia de noticias sobre la Península[4] o el carácter fantástico y escatológico de las existentes eran consecuencia del celo de los cartagineses por guardar las rutas para preservar sus áreas comerciales.
Hilmicón, que hizo un viaje al norte, a la tierra de estaño, refirió en su relato toda una suerte de terribles peligros, propios del Océano, como calmas, nieblas, bajos, algas, monstruos marinos (Avieno, 117, 380, 406), con el fin de atemorizar a los navegantes extranjeros. Y lo consiguió de maravilla, pues los griegos reprodujeron puntualmente esas imágenes terroríficas.[5]
Con asombro se advierte, aún hoy, la persistencia de este planteamiento en obras de referencia, manuales universitarios y trabajos de investigación[6]. Con asombro porque, como ya señalara Tarradell (1983: 104-106),  hay indicios suficientes que nos permiten negar la idea de una pretendida barrera psicológica (Alvar 1980: 49) impuesta por Cartago. El primero de ellos, el propio método de trabajo del historiador. 
La argumentación lógica del alemán consistía en un sofisma circular o dialelo, en el que se afirma una cosa por otra y ésta por la primera. Es decir, el Cierre del Estrecho y el monopolio cartaginés se basaban en el primer tratado entre Roma y Cartago (Pol. III, 22, 1-2) y en las narraciones que hablaban de las dificultades de navegación en el Océano. Y a su vez, la lectura y cronología de estas fuentes se explicaban en el monopolio cartaginés.
A este círculo vicioso se añadía una interpretación evemerística de los textos que consistía en recuperar ciertas narraciones tradicionales antiguas y darles una lectura histórico-geográfica que enlazaba perfectamente con la teoría que se quería demostrar (Cruz Andreotti 1994: 70).
Sepultada la creencia del cierre del Estrecho (González Wagner 1983: 230; Alvar, Martínez y Romero 1995: 61) y atendiendo a los estudios sobre las rutas de navegación, que demuestran que no era tan complicado navegar por él[7], sólo tendría que apelar al método lógico arriba expuesto para cerrar esta discusión; pero mejor veamos las contradicciones y paradojas a las que nos llevan estas hipótesis.

 

Contradicciones y paradojas.

Existe un grupo de informaciones sobre las navegaciones fenicias en las que se dice explícitamente que éstos ocultaban información sobre lugares fabulosos (Ps. Arist., Mir. Ausc. 136  y Diod., V, 20), llegando incluso a darse el caso de un comerciante que prefirió hundir sus naves a desvelar el destino de su viaje (Str. XVII, I, 19).
Frente a estas noticias, en las que se deja sentir ya el efecto del desprestigio cartaginés promovido por los autores romanos después de las guerras púnicas[8], existe otro grupo de referencias, mucho más abundante y totalmente contrario, que presenta a fenicios y cartagineses como informadores y puntos de apoyo para explicar la historia griega; y también como elementos de coherencia y verosimilitud dentro de los relatos griegos sobre Occidente (Bunnens 1979: 92, Plácido 1989: 46-47 y Fabre 1989: 22).
Los ejemplos son numerosos y salpican toda la literatura griega y romana: Eforo (frag. 129), Herodoto (I, 170 o IV, 196-197), Elio Arístides (Or. Aegt. 36.85), pero fueron los autores helenísticos los que más lejos llevaron esta idea, al establecer como requisito indispensable para probar la fiabilidad histórica y geográfica de Homero (Fabre 1981: 323) el que éste hubiese obtenido sus informaciones de los marineros fenicios (Str. 3.2.13 y 14).
Las contradicciones y paradojas suelen darse cuando el historiador intenta conciliar las distintas tradiciones. Lo vemos, por ejemplo, en los intentos por dilucidar la autoría del Periplo de Hannon, pues los mismos autores que defienden que el texto no puede ser púnico porque los cartagineses mantenían ocultas sus rutas, defienden también que el autor real griego ha puesto en boca de un cartaginés las noticias para que éstas sean verosímiles (Gómez Espelosín 1996: 102-103 y Desanges 1978: 39-85).
No menos contradictorio resulta el texto de López Melero (1998: 616 y ss) en el que mantiene como topos literario la información de Píndaro sobre los peligros del Océano, y al mismo tiempo cuestiona a los que niegan el cierre del Estrecho, alegando la verosimilitud de las fuentes sobre la precaria navegabilidad del Atlántico.

Sugerencia.
Decía Julio Caro Baroja (1986: 259) que ser tremendista o tremendamente original en erudición resulta un poco difícil. Y tiene razón porque, atendiendo a todo lo anteriormente expuesto y a las razones que daré a continuación, mi sugerencia es que las informaciones sobre los terrores y peligros oceánicos responden, en general, a un topos literario propio de la percepción de lo lejano, lo extraño y lo fronterizo. Cosa que los propios autores antiguos supieron ver.
Así como en los mapas, Socio Seneción, los historiadores, relegando a las partes más extremas de sus tablillas cuanto escapa a su conocimiento, escriben a modo de excusa acotaciones como: “Lo de más allá, dunas áridas y plagadas fieras” o “Sombrío pantano” o “Hielo de Escitia” o “Mar helado”, así también a mí, cuando ya la redacción de Vidas Paralelas llegue al límite del tiempo accesible al relato verosímil y transitable para la historia que se atiene a los hechos, a propósito de lo más antiguo me era correcto decir: “Lo de más allá, fantástico y patético, lo habitan los poetas y mitógrafos y ya no ofrece garantía ni evidencia”.
(Plu. Thes. 1.1-3)
Uno de esos falsos tópicos que se creía difundido por los cartagineses era la dificultad que el lodo entrañaba para la navegación. Intentaré demostrar que éste constituye en realidad un referente de las zonas extremas del oikumene.

Occidente
La lectura tradicional de las fuentes antiguas ha puesto mayor énfasis en el valor histórico que en el valor historiográfico de las mismas (Verónica Krings 1998a: 328 y ss). Esto ha provocado que los datos suministrados por los autores antiguos se valoren como hechos que explican una realidad y no como elaboraciones simbólicas que se circunscriben a una tradición literaria determinada, la del relato de viajes, cuyo éxito dependía en buena medida de la dosis de fantasía que contuvieran. En este sentido cita Medas (2000: 233-234) los relatos de Hannon y Hilmicón cuyas estructuras y elementos fabulosos indican que los textos no estaban dirigidos exclusivamente a los navegantes sino que estaban pensados para un público más amplio. Javier Gómez Espelosín señala, al respecto, el caso de Piteas que por intentar llevar a cabo una descripción menos tópica de los limites septentrionales fue duramente criticado por Polibio y Estrabón. Lo mismo que ocurriera con Antífanes de Berge (García Moreno y Gómez Espelosín 1996: 106 n. 13).
En la imagen del Extremo Occidente coexistieron siempre la fábula y el conocimiento (Fabre, 1981: 289). La experiencia real de la navegación y el recelo a lo extraño se incluyen en los relatos a través de un lenguaje simbólico, de forma que el imaginario acaba enmascarando el miedo (Plácido 1991: 128). Por eso, si queremos comprender las informaciones que se refieren a esta zona hay que tener en cuenta que  la mayoría de los textos responden a esquemas mitopoéticos que no dejan de utilizarse ni siquiera tras el conocimiento real del espacio (Cruz Andreotti y Pérez 1998: 109). Las representaciones fabulosas de Occidente persisten, no se disipan a pesar de las novedades filosóficas, aparecen fosilizados en el imaginario y sobrepasan las barreras del saber científico y físico (Fabre 1981: 310). Los terrores e impedimentos son necesarios para justificar la colonización griega y para magnificar la conquista romana. La imitatio herculi, desarrollada por Aníbal, Pompeyo, César, Trajano, Adriano o el Emperador Cómodo, en relación al templo de Heracles en Gádir (López Castro 1998, García y Bellido 1963; Piccaluga 1974) confirma el alcance de la tradición del héroe civilizador Heracles en Occidente, cuya lucha contra monstruos y tiranos se convirtió en el máximo símbolo de poder y prestigio (Carrière 1994: 81).
                      

Lodo.

La presencia de lodo, cieno o fango, en las narraciones sobre la navegación más allá de las Columnas de Heracles se puede poner en relación con la representación del final del mundo y del Hades en el Extremo Occidente correspondiente a la metáfora PUESTA DE SOL = MUERTE. Al tiempo, habría otras teorías en las que la noche se identificaría con el origen del mundo (Damascio, de principiis, 124).
La tradición griega sobre el Océano combina los relatos míticos propios y las leyendas orientales. Las narraciones de Danao, Pélope o Cadmo reivindican a los orientales como componentes activos en la configuración de la civilización helénica (P. Fabre 1981: 7 y ss), pero la literatura historiográfica respecto a este tema no siempre ha estado de acuerdo en reconocer las influencias orientales[9]. De cualquier forma, la importancia simbólica del sol poniente fue un rasgo característico de todas las culturas mediterráneas. Recientes investigaciones sobre las acuñaciones monetarias púnicas (Mora Serrano e. p.) muestran también el uso de la iconografía de sol y del Océano para señalar la situación extrema y liminar de toda la región del Estrecho de Gibraltar.
Tanto en la visión oriental como occidental, el Océano se identificaba con los límites y con la muerte. En él se sitúa el Hades de Odiseo como anteriormente se había localizado en la epopeya de Gilghamesh o en El Libro de los muertos. Además estos viajes establecen claras concomitancias con la teoría de la transmigración de las almas en la que el alma ha de pasar distintos obstáculos hacia el más allá como, brazos de mar,  pantanos, ríos. Si conseguía salir indemne, le saldría al encuentro la luz, y, si no era así le esperarían fango y las tinieblas (Platón, Phaed, 69c):
 Y puede ser que quienes nos instituyeron los cultos mistéricos no sean individuos de poco mérito, sino que de verdad de manera cifrada se indique desde antaño que quien llega impuro y no iniciado al Hades yacerá en el fango [...]
El fango es un elemento físico filosófico que representaba en las antiguas cosmogonías el principio y el fin. Un elemento que, como las serpientes y los dragones (Eliade 1986: 67) con los que suelen compartir ubicación, representan lo preformal, lo latente, lo indiferenciado. En el texto cosmogónico de Filón de Biblos recogido por Eusebio de Cesarea 10. 1, se dice: 
Sitúa en el origen del universo un aire opaco y ventoso o un soplo de aire opaco, y el caos fangoso y tenebroso. Estos elementos eran infinitos y permanecieron sin límite largo tiempo.
Para la idea de elemento primordial se puede tener en cuenta el siguiente fragmento del Génesis, 2, 7: Y creó dios al hombre del barro y la tierra.  Y también en Eusebio de Cesarea (10. 2)
(...) Según unos es el limo; según otros la putrefacción de una mezcla acuosa. De aquí procede toda semilla de creación y Génesis.
Para la expresión del Fin, servirían como ejemplo el texto de Pausanias (II, 375) en el que la entrada del Hades de Dioniso se sitúa entre una ciénaga y una fuente. Así como la descripción de Hesíodo (Escudo 150-154) del escudo de Heracles en la que dice:
Sus Almas se hunden en la tierra hacia la mansión de Hades; y sus huesos, al descomponerse la piel que los recubre, bajo el resecaste Sirio se pudren en la negra tierra.
Las narraciones que enlazan el fango con el mito del Océano también son  numerosos y están presentes en todo tipo de textos. En una de las primeras descripciones que tenemos de Occidente ya presentimos cómo la ausencia de luz, de vientos y de corrientes convierten las aguas oceánicas en una especie de estanque o ciénaga. El agua era vista, en el mundo antiguo, como un agente purificador pero si su color es oscuro se relaciona directamente con la muerte. Homero (Il.  8.477):
Yo de ti no me preocupo porque estés enojada, ni aunque vayas a los confines de la tierra y el mar, donde Japeto y Crono aposentados no gozan del brillo del Sol hijo de Hiperión, ni de los vientos [...]
Muy parecidas serán algunas de las descripciones oceánicas del viaje de Himilcón en el siglo VI a.C. aprox., recogidas por Avieno (Ora. 118-123):
El cartaginés Hilmicón asegura que estos mares a penas se
pueden atravesar en cuatro meses, tal como él mismo contó
que lo había comprobado navegando personalmente. Así,
ningún viento empuja la nave a gran distancia;
así mismo el agua del mar perezoso no se mueve en sus
dominios (...)
En otros pasajes del mismo relato también hace mención específica del fango como impedimento a la navegación Atlántica (365-66):
(...) cuenta que el mar de alrededor
y el más cercano continúan siendo muy poco profundos en
una gran extensión, que las embarcaciones cargadas no
pueden acercarse a estos parajes por la cantidad de
agua y por el espeso lodo del litoral.
Otros ejemplos reveladores que insisten en esto son el de Escílae de Carianda (Periplus I):
Más allá de la isla de Cerne no se puede navegar por el poco fondo del mar, el fango y las algas.
El de Platón (Crt 108) en el que la causa del hundimiento de la isla Atlántida, es el lodazal:
[...] habiéndose hundido por causa de seísmos, constituye un obstáculo en forma de lodazal intransitable para los que por allí hacia el piélago total navegan.
También en el siguiente texto de Aristóteles (Mete. 354a 22), se vuelve sobre la misma idea:
En cambio las zonas situadas en la parte de fuera de las Columnas son poco profundas por causa del fango; no las bate el viento porque este mar se encuentra en una especie de cuenco.
Terminamos este repaso con la original confluencia de elementos que propone Aristófanes en  Las ranas (v.v. 139-151). En esta obra la descripción del viaje al Hades se carga de sorpresivas similitudes con el viaje a Occidente. Así ocurre en el siguiente fragmento, en el que un Heracles, ya socarrón y objeto de chiste, relata a un Dioniso ridículo cómo guiarse hacia el Averno:
HERACLES. En una barquita así de pequeña un viejo marinero te la hará atravesar (la laguna Estigia), cobrando dos óbolos por el pasaje.
DIONISO. ¡Ay! ¡Qué gran poder tienen los dos óbolos en cualquier sitio! ¿Y    cómo llegaron allí?
HERACLES. Los trajo Teseo. Después verás serpientes y mil bestias terribles.
DIONISO. No me asustes ni me des miedo: no vas a hacerme volver a atrás.
HERACLES. Y luego mucho fango y estiércol que fluye incesante; y yaciendo en él, al que hizo injuria a un extranjero o, tras tirarse a un muchacho, se quedó con el dinero, o pegó a su madre o golpeó la mandíbula de su padre o juró con perjurio o plagió un parlamento de Mórsimo.
La comedia antigua busca golpes humorísticos, chistes, situaciones absurdas o ridículas con el objeto de causar un determinado efecto en su público. Los cómicos consiguen este efecto gracias a su conocimiento de lugares comunes. Según Jaeger (1996: 335) en la comedia de Aristófanes lo real se disuelve en una alta realidad intemporal, fantástica o alegórica, de este modo Aristófanes utiliza la figura distorsionada de Heracles y todos aquellos recursos con los que habitualmente se relacionaba Occidente. El lodo asociado tradicionalmente al Hades, se utiliza conscientemente porque le es familiar a la audiencia.


Toda esta amplia tradición sostiene una imagen de Occidente como frontera de la noche; por eso el fango, el excremento, la podredumbre y todo lo repulsivo y contrario a lo que significa la vida han de encontrarse allí. Esta idea también ha podido influir, quizás, en el hecho de la admiración griega hacia los fenicios, pues los verían como una especie de Carontes inauditos, comunicadores de ambas orillas, no la de Oriente u Occidente, sino la de lo conocido y lo desconocido, la de la vida y la muerte.
Queda descartada, una vez más, la teoría sobre el cierre del Estrecho. Los terrores del Océano ya no puden ser vistos como esas mentiras púnicas que decía Posidonio (apud Str. 2, 5, 5), y que los apriorismos historiográficos e ideológicos difundieron desde la Antigúedad. Más bien estos peligros deben comprenderse dentro del esquema de percepción del espacio marginal. Un esquema que sobrepasó los límites de la Antigüedad y del Medievo, y llegó completamente vivo al Renacimiento, tal y como demuestran las láminas y los mapas que acompañaron las navegaciones atlánticas de los grandes descubridores.






[1] Sobre los tópicos y la geografía mítica de los límites del mundo ver Ballabriga 1986; P. Fabre 1981; Plácido 1995-96; Pérez y Cruz Andreotti 1998, Gómez Espelosín 1994.
[2] La visión del Mediterráneo en términos de competición propuesta por autores como Boardman (1973: 169 y ss.) es una creación de la historiografía moderna, cimentada sobre la tradición antigua que trataba de explicar la historia como una sucesión de imperios universales (Krings 1998a: 499-513) y basada en el paradigma positivista, determinista y excluyente de los estudios clásicos (Bernal 1993: 263-310; Canfora 1991; Finley 1984: 91 y ss).
[3] Desde la destrucción de Tartessos fue Cartago dueña del Mediterráneo y del Océano. El Estrecho de Gibraltar quedó cerrado desde el año 500 para todo navegante extranjero  (Schulten 1972: 132).
[4] Sobre los silencios de Herodoto se puede ver: Cruz Andreotti (1991) y Gómez Espelosín (1993).
[5] Schulten 1972: 133 y  también: 1925: 30 y 96;  1928: 776; 1955: 123-124 y 139-40.
[6] Las obras citadas son sólo una pequeña muestra un tanto azarosa que pretende demostrar el itinerario seguido por esta idea. García y Bellido 1942: 177 y ss y 1952: 512 y ss; Dion 1977: 136; Bendala 1987:108; López Melero 1988: 616-7; Mangas y Plácido 1994: 59 y 1998: 447; Gómez Espelosín 1996: 101; Tsiolis 1997:18.
[7] Fernández Miranda (1988: 460), basándose en los hallazgos de piezas de bronce como los de Can Gallet en Formentera, plantea la hipótesis de que el Estrecho debió dejar de ser un obstáculo abstracto a lo largo del Bronce final, y se convirtió en un lugar relativamente transitado coincidiendo con la navegación fenicia y con los importantes conocimientos técnicos que éstos pudieron aportar. Al respecto, ver también  Alvar 1988 y Díes Cusí 1994. Sobre la navegación astronómica, Medas 2000: 242 y ss.
[8] Sobre la distorsión que tuvo la visión de Cartago a partir del Poenulus de Plauto ver Dubuisson: 1983 y Franko 1994: 163 y ss .
[9] Sobre la problemática historiográfica de las influencias orientales ver Bernal (1993). Estudios concretos de esta influencia además del trabajo de Fabre que alude directamente a las concomitancias con la representación de Occidente, ver Burkert 1992;  Morris, 1995. Específico para los fenicios el capítulo 7 de West 1999.



BIBLIOGRAFÍA

Alvar, J. 1988: La navegación prerromana en la Península Ibérica: colonizadores e indígenas, Madrid.
----- 1980: “El comercio del estaño Atlántico durante el período orientalizante”, Memorias de Historia Antigua, IV, pp. 43-49.

Alvar Ezquerra, J. - Martínez Maza, C. - Romero, M. 1995: "Cartago versus Tartesso. Un problema histórico y un debate historiográfico" en Actes du III Congres International d'Etudes Pheniciens et Puniches, Túnez, 1991. I. Túnez, pp. 60 – 70.

Ballabriga, A. 1986: Le soleil et le Tartare. L´image mythique en Grèce archaïque, Paris.

Bendala Galán, M. (coord.) 1987: Historia General de España y América, Tomo II, Rialp, Madrid.

Bernal, M. 1993: Atenea Negra, Crítica, Barcelona.

Blázquez, J. M., Alvar, J., Wagner, C. G. 1999: Fenicios y Cartagineses en el Mediterráneo, Cátedra, Madrid.

Boardman, J. 1973: Los griegos en ultramar: comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Alianza, Madrid.

Bunnens, G., 1979: L´expansion phénicienne en Méditerranée. Essai d´interprétation fondé sur une analyse des traditions littéraires, Bruselas-Roma.

Burkert, W. 1992: The orientalizing revolution, Near Estern influence on greek in the Early Archaic age, Hardward University Press.

Canfora, L. 1991: Ideología de los estudios clásicos, Akal, Madrid.

Caro Baroja, J. 1986: España Antigua. Conocimiento y fantasía, Itsmo, Madrid.

Carrière, J. C. 1995: “Heracles de la Méditerranée à l´Océan. Myte, conquête, acculturation”,

Clavel-Léveque, M. & Plana-Mallart, M. (eds), Cité et territoire. Colloque européen. Béziers, 14-16 octubre 1994, París, pp. 65-87.

Cruz Andreotti, G. 1987: “Un acercamiento histórico al Tartessos de Schulten”, Baetica, 10, pp. 227-240.
----- 1993: “Herodoto y  Gades”, Baetica, 13, pp.  157-166.
----- 1994: “La visión de Gades en Estrabón. Elaboración de un paradigma geográfico”, DHA, 20.1, pp. 57-85.

Cruz Andreotti, G. y Pérez, P., 1998: “El diseño de un espacio político: el ejemplo de la Península Ibérica”, Pérez Jiménez A. y Cruz Andreotti, G. (eds.), 1998: Los límites de la Tierra: El espacio Geográfico en las culturas Mediterráneas (= Mediterránea 3), Ediciones Clásicas, Madrid, pp. 107-146.

Desanges, J. 1978: Recherches sur l´activité des mediterranèens aux confins de l´Afrique, Roma.

Díes Cusí, E. 1994: "Aspectos técnicos de las rutas comerciales fenicias en el Mediterráneo Occidental (s. IX-VII a.C.)", Archivo de Prehistoria Levantina, XXI, Valencia, p.311-336.

Dion, R.1977: Aspects politiques de la géographie antique, París.

Dubuisson, M., 1983: “L´image du carthaginois”, Studia phoenicia, 2, pp. 159-167.

Elíade, M. 1986: El mito del Eterno Retorno, Barcelona.

Fabre, P. 1981: Les Grecs et les connaissance de l´Occident, Universite Lille.

Franko, F., 1994: “The use of poenus and carthaginiensis in early latin literature”, Cl. Phil, 89, pp. 153-158.

Fernández Miranda, M. 1988: “La navegación fenicia hacia el lejano occidente y el estrecho de Gibraltar”, CIEG, Madrid, pp. 459-472.

Finley, M. 1984: Uso y Abuso de la Historia, Crítica, Barcelona.

García Moreno, L. A. y Gómez Espelosín, F. J. 1996: Relatos de viajes en la literatura griega, Alianza, Madrid.

García y Bellido, A 1942: Fenicios y Carthagineses en Occidente, Madrid.
----- Menéndez Pidal, R. (coord.) 1952: Historia General de España, Tomo I, Espasa-Calpe, Madrid.
----- 1963: “Hércules Gaditanus” AEA, XXXVI, pp. 70-103.

Gómez Espelosín, J. F. 1993: “Herodoto, Coleo y la historia de la España Antigua”, Polis, 5, pp. 151-162.
----- 1994: Tierras fabulosas de la Antigüedad, Alcalá de Henares.

Gómez Espelosín, J. F., Pérez Largacha, A., Vallejo Girvés, A. 1995: La imagen de España en la Antigüedad, Gredos, Madrid.

González Wagner, C. 1983: Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica: Ensayo de interpretación fundamentado en un análisis de los factores internos. Universidad Complutense. Madrid.
----- 1984: “El comercio púnico en el Mediterráneo a la luz de una nueva interpretación de los tratados concluidos entre Cartago y Roma”, Memorias de Historia Antigua, VI, pp. 212-224.

-----1986: “Cartago y Occidente. Una revisión crítica de la evidencia literaria y arqueológica”, In memoriam. Agustín Díaz Toledo, Almería, 1985, pp. 437-460.

Jaeger, W. 1996: Paideia, FCE, México D.F.

Janni, P. 1998: “Los límites del mundo entre el mito y la realidad. Evolución de una imagen”, Pérez Jiménez, A. y Cruz Andreotti G. (eds.), Los límites de la Tierra: El espacio Geográfico en las culturas Mediterráneas (= Mediterránea 3), Ediciones Clásicas, Madrid. pp. 23-40.

Krings, V. 1998a: Carthage et les grecs. c. 580-480 av. J. C., Leiden.
----- 1998b:  “Carthage et le Grecs”, Veröff. Joachim Jungius-Ges. Wiss. Hamburg, 87, pp. 499-513.

Lacroix, L. 1974: “Héraclès, héros voyagueur et civilisateur”, Bulletin de la classe des lettres et des sciences Morales et politiques, LV, Bruxelles, pp. 34-65.

López Castro, J. L. 1996: “Fenicios y Cartagineses en la obra de Adolf Schulten: una aproximación historiográfica”, Gerión, 14, pp. 289-331.
----- 1998: “Familia, poder y culto de Melqart gaditano, Arys, I, pp. 93-108.
----- 1999: “Cartago y la Península Ibérica: ¿Imperialismo o hegemonía?”, Actas de VIII Jornadas de Arqueología fenicio-púnica. La Caída de Tiro y el auge de Cartago, Ibiza, 1990, Ibiza, pp. 87-107.
-----, 2000: “Carthage and Mediterranean trade in the Far West (800-220 b. C.)”, Rivista de Studi Punici, pp. 123-144.
-----, 2001: “Formas de intercambio preclásico de los fenicios occidentales en época arcaica”, Formas de intercambio preclásico, I Coloquio de CEFYP, Madrid, 1998. pp. 123-132.

López Melero, R. 1988 “El Mito de las Columnas de Hércules y el Estrecho de Gibraltar”, Congreso Internacional del Estrecho de Gibraltar, Madrid, 133-148.

López Pardo, L. 2000: “La fundación de Lixus”, Actas del IV Congreso Internacional de estudios fenicios y púnicos, Cádiz, 1995, Vol. II, Cádiz, pp. 819-826.

Mangas, J., Plácido, D. (eds.), 1994: Testimonia Hispaniae Antiquae I. Avieno, Madrid.
----- 1998: Testimonia Hispania Antiqua II  A. La Península Ibérica según los autores griegos de Homero a Platón. Madrid.
----- 1999: Testimonia Hispaniae Antiquae II B. La Península Ibérica prerromana de Éforo a Eustacio, Madrid.

Medas, S. 2000: La marineria cartaginese, le navi, gli uomini, la navigazione, Roma.

Mora Serrano, B. e.p.: “Nota sobre representaciones solares en la numismática púnica”, V Congresso Internazionale di studi fenici e punici (Palermo- Marsala 2000).

Morris, S. 1995: Daidalos and The origins of greek art, Princeton.

Moulay Rchid, M. 1989: “Lixus et Gades: realité et ideologie d´une symétrie”, DHA, 15, 2.

Oikonomides, A. N. 1978: “The alleged Carthaginian blockade of the Western Mediterranean an the adventures of a massaliot Tramp Ship ( Demosthenes, XXXII)”, The Anciente World, 1, pp. 83-88.

Payen,  P. 1997: Les îles nomades, Francia.

Pérez Jiménez, A. 1985: Plutarco. Vidas paralelas, I,  (Trad. A. Pérez Jiménez) Madrid.

Pérez Jiménez A. y Cruz Andreotti, G. (eds.), 1998: Los límites de la Tierra: El espacio Geográfico en las culturas Mediterráneas (= Mediterránea 3), Ediciones Clásicas, Madrid.


Piccaluga, G. 1974: “Herakles, Melqart, Hércules e la Penicola Ibérica”, Minutal, 1,  pp. 111-132.

Plácido, D. 1989: “Realidades arcaicas de los viajes míticos a Occidente”, Gerión, 7, pp. 41-45.
----- 1995-96: “La imagen simbólica de la Península Ibérica en la Antigüedad”, Stud. Hist., Hª antig., 13-14, pp. 21-35.
----- 2001: “El impacto de los viajes mediterráneos en el imaginario griego”, López Castro, J. L., (ed.), Colonos y comerciantes en el Occidente mediterráneo, Almería, pp. 115-129.

Savater, F. 1995: Diccionario filosófico, Barcelona.

Schulten, A. 1925: Fontes  Hispaniae Antiquae II. Testimonios desde 500 a.C. hasta César, Barcelona.
----- 1928: “ The Carthaginians in Spain”, The Hellenistic Monarchies and the Rise of Rome. Cambridge Ancient History, Vol. VII, Cambridge, pp. 769-792.
----- 1972: Tartessos, Austral, Madrid.
-----1955: Fontes  Hispaniae Antiquae I, Avieno, “Ora Marítima”, Barcelona.

Tarradell, M. 1983: “La entrada en la Historia”, Tuñón de Lara, M. (dir.) Historia de España, Labor, Barcelona.

Tsiolis, V. 1997: La geografía antigua, Arcolibros, Madrid.

West, M. L. 1999: The East Face of Helicon. West Asiatic Elements in Greek Poetry and Myht, Oxford.