Anagaviera en ocasiones escribe

lunes, 16 de enero de 2012

2002: la delgada línea negra


Las obras más bellas de los hombres son obstinadamente dolorosas.
André Gidé


No es necesario conocer a fondo el sistema de referencias que mueve e inspira a un artista para disfrutar de su obra, pero no cabe duda de que si lo primero se consigue, el placer de la contemplación es mucho más profundo.


Hace algunos meses conocí en la Galería de Arte Contemporáneo La Aurora de Murcia algunos trabajos del pintor Chema López. Entre los cuales estaba este cuadro:




La línea de sombra, 162x97 cm, óleo sobre lino, 2000.

Nada más verlo pensé en Meursault, el protagonista de El extranjero de A. Camus y convertí el blanco asfixiante que rodea al personaje en metáfora del vacío provocado por la carencia de valores del mundo contemporáneo.

Mi extraña asociación no restó sorpresa ni emoción a la situación, pero en realidad la pieza hace referencia a un relato de J. Conrad cuyo protagonista deja atrás la juventud y descubre que lo que está por llegar será, como diría Álvaro Mutis, un sobrevivir en la terca aventura de cada día. Y, sin duda, este sentimiento, que se me antoja todavía cercano y doloroso, hace crecer de manera considerable la sensación de angustia.

Posiblemente la razón que me llevó identificar a Meursault con el personaje semihundido de La línea de sombra, fue advertir en las pinceladas de Chema la misma rotundidad que caracteriza toda la obra de Camus. Una rotundidad de doble efecto: hace pensar y emociona al espectador. Porque la pintura de este artista, fundamentada en el tratamiento casi obsesivo de los aspectos más oscuros de la condición humana, es, ya lo han señalado todos sus críticos, una pintura seria y bien hecha, que reivindica la universalidad de la imagen como medio de transmisión de las ideas e inquietudes del autor.

Chema demuestra una extraordinaria sensibilidad hacia la tradición, tanto pictórica como literaria, filosófica y cinematográfica, no obstante, es capaz de trascender a esas fuentes y proyectar sobre su trabajo un claro espíritu crítico. Así, las representaciones constantes del mal o del poder, lejos de tener un carácter apologético, servirán para conocer, identificar e incluso combatir las distintas manifestaciones de estos aspectos que parecen haberse normalizando en la sociedad actual, a través de sus complacientes consignas.


Además el uso de una técnica figurativa en blanco y negro cercana visualmente a la fotografía, redunda tanto en la intención de espectacularidad como en la simplificación gráfica de los contenidos que mejora la transmisión de los sentimientos.

De cualquier forma, lo que realmente me resulta perturbador de la obra de Chema López son las miradas de sus personajes. Miradas que salen de los cuadros y construyen espacios que envuelven al espectador, provocando una sensación similar a la que en escultura produce el principio de penetración recíproca por el cual el efecto de la figura se extiende a su entorno. Miradas que ya han recorrido algunas regiones del imaginario del mal. Miradas que se cuelan en nuestro interior y en un susurro casi imperceptible dicen con hiriente ironía: tú también.

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