| Detalle de la escultura Lolita de Laia Arqueros |
Se sentó frente a mí en el cercanías,
con el cabello cubría la cicatriz de su rostro. Avergonzada,
procuraba ocultar la huella.
Decidí mostrarle la mía, me recliné
en el respaldo y pudo ver la soga rodeando mi cuello.
En ese momento la complicidad permitió
que su cabello escapase con suavidad y la marca surgiera orgullosa y
bella como un trofeo.

